Las observaciones subjetivas de jugadores y equipos han sido la base de conocimiento sobre la que se ha diseñado el entrenamiento y se ha planteado el comportamiento en la competición tradicionalmente. Dicho método ha sido el único proceso de análisis de la eficacia, y en muchos casos sigue siendo así,. Varios estudios han demostrado que esas observaciones visuales pueden ser poco fiables y precisas (MacDonald, 1984; Franks y Miller, 1986; Franks, 1993). Actualmente se está produciendo una creciente preocupación por estudiar a los deportes de equipo a partir de las variables propias que determinan el rendimiento, con modelos como el de análisis basado en la competición presentado por Álvaro y col. (1995). Una serie de autores, entre los que hay que citar a Hernández (1999), profundizan en esta cuestión al afirmar que la estructura de los deportes y las características del individuo determinan la acción de juego. Asimismo, Faria y Tavares (1993) y Mora y col. (1995) defienden que el jugador debe interpretar cada momento durante el AÑO 2005 – VOLUMEN IIII La revista universitaria de la educación física y el deporte kronos 63 juego según su situación de competición, su situación de juego y su calidad y capacitación cognitiva y motriz; en primer lugar para decidir y, después, para ejecutar. Buceta (1985), Larrumbe (2001) y Rivarés (1996), en sintonía con los autores antes citados, argumentan que el número de habilidades motrices que debe dominar el deportista no es tan importante como la capacidad de autocontrol, de autoconfianza, ante el estrés que conlleva la ejecución.
Autor: Manzano, A.* Lorenzo, A.** Pachecho, J.L.

